mini relat Sant Jordi 2020- Carla Catalán

El Drac Calurós i l'alcalde talós

En la cueva, el dragón malherido vivía su eterna vida. En su última lucha, ciego había quedado por lanza, yaciendo entre sangre donde rosas carmín florecían. El sol se colaba entre las piedras y el retumbar de unos pasos, lo despertó. Leve rugido de advertencia hacia el aventurero. Silencio. Los pasos prosiguieron hasta donde el sol dejó de iluminar los ojos oscuros del animal.

—Vengo a disculparme por los atentados de mis antepasados —una voz dulce pero clara, sin titubeos, se escuchó en toda esa cueva. Olía a valentía y a compasión. Corazón puro.

De aquella aura que no entendía por palabras, que no podía ver con sus ojos pero que desprendía cariño con su presencia. Alargo la cola en movimientos lentos, arrancando una rosa de su camastro y acercándola. Y perdió la flor. Ante eso, el dragón se sintió feliz y comprendido. Se enamoró.

 

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